martes, 13 de septiembre de 2011
Sueño
Pese a kilómetros rodados, aún llegaba con ese descanso al alma, que da tener la vida cansada y solo tiempo para pensar en ese gesto bonito, y luego fenecer dulcemente abrazada a su almohada.
sábado, 3 de septiembre de 2011
O quizá una taza de té
Tal vez es sólo un pedacito de acera en la que juega un niño cósmico esperando salir a un jardín, o quizá es una taza de té en un hormiguero o música en un azucarero, un florero lleno de fósforos, un vendedor de paraguas en un ropero, o quizá sea un cuento que cuenta un ciego, una vez vi...dice, una vez. Puedes ser el ciego también, cuando recuerdas; o el niño cósmico que arrastra carritos de plástico contra la vereda, cuando juegas; si quieres también puedes ser la vereda, basta que yo la mire, para que cualquier cosa se convierta un poco en ti, o tú un poco en ella; estos días no han sido pocos, ni cortos, no han aparecido grandes emociones pero sí muchas puertas y llaves, y me he quedado con algunas llaves, otras las tienes tú, por favor guárdalas muy bien, nunca las pierdas , no es bueno perder cosas. Los finales del día también han sido largos, siempre aparece algún recuerdo muy afligido, con sus manitos cerradas y arrastrando las suelas, y no le sirvo de consuelo, le regalo billeteras llenas de floreros y guías de teléfono llenas de música, pero sigue triste lo sé, me mira calladito con sus billeteras y sus guías, se ríe un poco por lo que encuentra dentro, y me dice que no intente hacerlo feliz con regalos tan extravagantes, que lo deje, que el tiempo lo hará feliz, y yo le creo, los recuerdos casi nunca mienten.
Sonaba: We're going to be friends
Etiquetas:
antesdedormir,
Confesiones
Mientras regresas a casa
Hace años me enamoré de la palabraCaruso, fue una tarde primaveral, alegre y pretenciosa como la de hoy. Es cierto, hoy hizo frío.. y no es primavera, pero cuando te conocí tampoco. Siempre conozco gente y descubro cosas en invierno y llegan para quedarse, como aquel gato de pelo atigrado y carita de pena, o aquel señor que nunca se libra del denso espesor de su apellido- eso pasa aveces si te apellidas Olivetti o Ribeyro. Hoy por ejemplo las calles eran más grandes y mis pasos más cortos, yo le atribuyo tal hecho al invierno, sólo al medio día uno puede odiar al sol, como si en la ciudad brotara una leve sonrisa de un sencilla resignación, a tener las tardes, en estos días, un poco más grises y un poco más frías. El frío tampoco es mucho, sólo el suficiente para necesitar un abrigo, una bufanda, y a lo mejor un sol tibio a las cinco, o a las seis que es la hora en la que regresas a casa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


