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sábado, 3 de septiembre de 2011

O quizá una taza de té

Tal vez es sólo un pedacito de acera en la que juega  un niño cósmico esperando salir a un jardín, o quizá es una taza de té en un hormiguero o música en un azucarero, un florero lleno de fósforos, un vendedor de paraguas  en un ropero, o quizá sea un cuento que cuenta un ciego, una vez vi...dice, una vez. Puedes ser el ciego también, cuando recuerdas; o el niño cósmico que arrastra carritos de plástico contra la vereda, cuando juegas; si quieres también puedes ser  la  vereda, basta que yo la mire, para que cualquier cosa se convierta un poco en ti, o tú un poco en ella; estos días no han sido pocos, ni  cortos, no han aparecido grandes emociones pero sí muchas puertas y llaves, y me he quedado con algunas  llaves, otras las tienes tú, por favor guárdalas muy bien, nunca las pierdas , no es bueno perder cosas. Los finales del día también han sido largos, siempre aparece algún recuerdo muy afligido, con sus manitos cerradas y arrastrando las suelas, y no le sirvo de consuelo, le regalo billeteras llenas de floreros y guías de teléfono llenas de  música, pero sigue triste lo sé, me mira calladito con sus billeteras y  sus guías, se ríe un poco por lo que encuentra dentro, y me dice que no intente hacerlo feliz con regalos tan extravagantes, que lo deje, que el tiempo lo hará feliz, y yo le creo, los recuerdos casi nunca mienten.

Sonaba: We're going to be friends



lunes, 4 de enero de 2010

Desde entonces...fuimos como piedritas.

Quisimos estar juntas un día. Ella porque tenía el pelo muy largo y yo porque tenía las piernas muy cortas. Cómo yo tenía las piernas cortas, no podía caminar muy lejos y esperaba a que la niña de pelo largo toque siempre a mi puerta. Ella, venía y juntas hicimos historia. Tenía yo, un piyama rosado, un edredón floreado, una muñeca cara y una muñeca floja. Tenía ella, un short rojoanaranjadoblaquizco, las piernas muy blancas y las mejillas rojas. Jugábamos a la carta, al menú del día, a rayar la repisa y a escondernos de nosotras mismas. Cuando pasaron los años y yo tenía ya, las piernas más largas y ella el cabello más corto, jugábamos a leernos las líneas de las manos. Nos atinaba de maravilla leernos el pasado: Tú llamabas con un silbidito y yo corría apurada. Tú te marchabas en la moto y yo miraba por la ventana. Tú tenías una muñeca que me causaba miedo y la arrojaste por el tejado. Tú te enamoraste primero, pero yo di antes el primer beso. Tu naciste un veinticinco de febrero y yo un cuatro de enero. Sí. Se nos daba bien adivinar el pasado, lo hacíamos de maravilla. Pero también nos leíamos el futuro. No lo hacíamos bien. Nadie lo hace muy bien. Pero con el presente sí, contándonos todo. Hoy es cuatro de enero y le he dicho Feliz cumpleaños, le he dado un abrazo, y he llorado, porque aún estoy triste, por algo que sólo ella entiende. Aunque desde hace ya un tiempo sólo me hable su silencio, cuando me acuerdo de ella me miro las manos.

Fotografía: Bill Brand

jueves, 10 de diciembre de 2009

Silban...


Silban a veces las sombras y juegan los colores pintándote de amarillo, y juegan también las palabras que aún no se han dicho. Él es como las hojas secas y su pelo huele a otoño en sus tardes más amarillas. No sé si de niño quiso ser pintor o artista,abogado o ingeniero, o si jugó con lodo, no sé cuales fueron sus pesadillas ni sus sueños. Una vez jugamos a ser amigos,y aveces parece que algo más, fue ayer o pudo ser mañana, también nos hemos prometido cosas, yo alguna  una moneda que recorra el tiempo y el mundo en una vuelta, en dos tal vez, y a lo mejor en una de esas, nos detengamos a tomar un café con la tranquilidad que extraño, con la paz y el silencio cómodo como el más humilde gesto de sinceridad. Como el de ahora, como el de mañana, como el sueño después del sueño, como el te quiero después del te quiero y como este breve y dulce segundo de ingenuidad.
Fotografía: Robert Doisneau

lunes, 7 de diciembre de 2009


Es a veces como un fantasmita que deja notitas escritas en el espejo donde se lava la cara cuando despierta, es también y a veces algún verso que lee, hace poco dijo “mi” y saltó como un niño jugando en la carretera. Salta y baila dando vueltas de cisne con la música que nace de espacios vacíos llenos de vida y certeza, pero es una melodía que aun no termina ni empieza. Y entre adjetivos posesivos piensa y suspira, se le hace un hueco profundo y bonito entre el pecho y la inmensidad, y se hace tan profundo como la distancia y como la sonrisa se que se dibuja en el techo. Las sonrisas más bonitas, las inoportunas que nacen si pedir permiso ni consultarle al tiempo. Las paredes dejan de ser cuadradas y se hacen blandas o tal vez son sus manos traviesas y ansiosas por desvanecer espacios. Aveces sonríe diciendo cosas bonitas o tal vez algo muy parecido, en uno de esos días que no son uno más, si no que se disponen a ponerse otro nombre: el titulo de alguna canción, de alguna película o de alguna caprichosa sonrisa. Este lunes por ejemplo entre algunas canciones, algunas sonrisas,algunos juegos, algunas cosquillas y algunos bailes con pasos desconocidos que sin pensarlo los pies recorren, lunes dejó de llamarse lunes para ponerse otro nombre.

jueves, 26 de noviembre de 2009

El tal vez

Ha imaginado sus labios dibujando flores blancas, sus ojos viajando por el mundo y unas manos sencillas, como alguna canción de las que me gustan y al imaginarlo todo me quedé dormida. Has besado unos labios entre líneas, he sentido un cosquilleo en el pecho y una extraña ansiedad. Mis manos han dejado de ser mías volando por tiempo inexacto lejos y yo he disfrutado el vaivén gracioso, porque no hay manera de enojarse con el tiempo. Porque he disfrutado mis sonrisas imprecisas, mis silencios temerosos, mis extrañas huidas y me lo he contado todo con detalles sonriendo a lo monalisa. Hay sido sólo comparables con la sonrisa de un ciego que sonríe a solas, una de aquellas sonrisas, de las que uno siente, valen por todas.

Fotografía: Grafitti Bansky.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Porfín LLora

Música, música, música y Elena baila. Tras el espejo se baja el mundo este viernes silencioso.Los recursos para amar no se le han agotado,piensa mientras baila, pese a que ayer se rompió el corazón con un golpe tal dulce como la miel, dice la canción en tono irónico, pero Elena baila.Mientras repasa algunos recuerdos se siente mareada, porque por primera vez no se ha sentido víctima ni victimaria.Esta vez todas las canciones que Elena escucha hablan de Elena. Esta vez las canciones dicen todo para que ella no diga nada. Para y se observa un momento, un hueco en el estomago intenta absorberla desde el pecho, hasta la garganta atorada, pero aún sonríe sosegadamente infeliz por la música.La música sigue sonando pero Elena ha dejado de bailar ya desde hace un buen rato. Elena se ha quedado quieta observadose, fea, bonita, fea, bonita, triste, tranquila, triste, bonita, sola, triste, serena, triste, empieza, termina. Al final tiembla porque está a punto de acabarse la última canción del casette y después de eso viene el silencio.Esos cortos segundos de silencio, este viernes, le restarán vida y puede que desaten en ella un llanto a pulmón desde el hueco que le quiere absorber hasta la angina de pecho que le dejó interpretar a dúo, por largo tiempo, la sonatina de versos e inversos, de agostos y marzos desahuciados de ayer.Se acabó la última del las canciones que hicieron que Elena se baje el mundo. Se hace el silencio, el mundo sube y Elena porfín llora.

Fotografía: E.J Bellocq

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Casilda

Casilda podría encontrar más tarde en el mercado pequeñas frutillas y le recordarán a él, extrañamente a él. Y le haría pensar que es feliz. Con sólo mirar esos frutos rojos. Fresas, muchas fresas, en el puesto de siempre, con la mosca inquieta jugueteando en la fresa mas roja. Y con el casero apagado, sentado en su misma silla. Pero Casilda se concentra en las fresas, en las hojas verdes y en la gente que pasa a su lado. Y que la mira. Porque hoy, está vestida de plastilina, se lo dijo el espejo de metro y medio que tiene en su cuarto y que aún no ha roto, porque Casilda suele romper los espejos con frecuencia, es muy distraída e inquieta como la mosca que rodea la fresa. Casilda siente que la gente la mira, están mirando sus grandes ojos, su cara de niña y su nueva ropa , que segun le ha dicho el espejo, es su ropa mas bonita. Ha sonreído encandilada camino a su casa, sin las frutillas del mercado, porque no tiene hambre, de tanto amor se le han encogido las tripas. Casilda cuando se viste de plastilina pierde el hambre, mira embobada las fresas del mercado, se mira al espejo y vuela como la mosca que ha jugueteado con la frutilla. Casilda enamorada arroja toda la ropa de tela por la ventana y en su ropero deja solo plastilina.

(pobresita?)

martes, 10 de noviembre de 2009

Maga!

Sólo quiero colores y globos antes de dormir!


lunes, 9 de noviembre de 2009

Buenas noches

El sol se filtra curioso por las ventanas y tiene nombre de mujer. Desnuda y fría ilumina tristemente el suelo, ese suelo también helado y Doménica espera que ya todo se ponga oscuro creyendo que ha dejado de amar. De amarlo. Pero le dice te Amo. Y funciona bien. Pero se viven extraños los domingos y las tripas se le encogen. No es feliz. Aquello podría ser sólo el frio de las ventanas o el frio de la estación. Pero las tripas de Doménica suben hasta el pecho y luego descansan en su cuello, adentro, produciéndole un nudo y otro nudo y más nudos indesatables, pero extrañamente se sujeta de ellos para no caer, para no caer llorando. Y los nudos de su garganta tienen sólida consistencia, pero le duelen ahí en la voz. A unos pasos ya de noche, Doménica se acerca a su oreja y le dice te amo, y es lo más desolador porque se lo ha dicho llorando, él la ha mirado y tampoco pudo contener las lágrimas.

Fotografia: Imogen Cunningham

domingo, 8 de noviembre de 2009

Lavando la Ropa

Aveces agoniza a mil quinientos kilómetros de aquí. Y muere tras la puerta que ensordecen sus latidos. Pero es un juego de palabras y la pregunta del millón no escapa a la retórica de lo que escribo, ni a aquel extraño conocido. Que esconde las palabras en un cosquilleo entrometido, son esos cosquilleos que hablan y cierran la boca en los domingos en los que lava la ropa.

Imagen: Frank Plant

Plastilina

Centímetro a centímetro le ganaba los colores a la calle, quien no iba a querer mirarla si iba vestida de plastilina. Por el sol y las aceras su falda se meneaba armonizando sus latidos, prendiendo primaveras de domingo, que tras cerrar la puerta sus ojos apagaban encendiendo un cigarrillo.