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lunes, 28 de diciembre de 2009

Marcharse es...


Seguía en aquel espacio entre el irse y quedarse. No se había marchado, pero ya pensaba en volver, mientras tanto seguía quieta esperando que llueva. Esperando ha que se inunde el techo, esperando encontrarse algún paraguas tirado en el suelo o que se moje hasta la última hebra de su cabello. Pero el momento seguía quieto y su cabello seco. No quería marcharse y tampoco volver. No quería decir adiós pero tampoco quería decir "pronto volveré". Quería esconder la cabeza, como la tortuga, sólo hasta que sus piernas y sus manos dejen de temblar, benditas piernas y benditas manos. Hasta que empiece a llover o salga el sol, hasta que el mundo salga de su trance asfixiante, entre lerdo y nublado, cual desperdiciado esperpento, y empiece una vez más la nueva cuenta del tiempo. Bendito momento. Sin despedidas ni movimientos temblorosos, sólo con un café, un brandy o un caramelo.

Fotografía: Robert Doisneau

jueves, 10 de diciembre de 2009

Silban...


Silban a veces las sombras y juegan los colores pintándote de amarillo, y juegan también las palabras que aún no se han dicho. Él es como las hojas secas y su pelo huele a otoño en sus tardes más amarillas. No sé si de niño quiso ser pintor o artista,abogado o ingeniero, o si jugó con lodo, no sé cuales fueron sus pesadillas ni sus sueños. Una vez jugamos a ser amigos,y aveces parece que algo más, fue ayer o pudo ser mañana, también nos hemos prometido cosas, yo alguna  una moneda que recorra el tiempo y el mundo en una vuelta, en dos tal vez, y a lo mejor en una de esas, nos detengamos a tomar un café con la tranquilidad que extraño, con la paz y el silencio cómodo como el más humilde gesto de sinceridad. Como el de ahora, como el de mañana, como el sueño después del sueño, como el te quiero después del te quiero y como este breve y dulce segundo de ingenuidad.
Fotografía: Robert Doisneau

domingo, 1 de noviembre de 2009

Sueño

Hoy tengo ganas de puertas sencillas, de madera, sin relieves lujosos, solamente barnizadas. Es como mi enésimo momento en blanco y de franca sencillez. Junto todos mis nudillos y toco la puerta solamente para reposar. Y regalo mis oídos a alguien que se apellide Olivetti, que se llame Segismundo, Doménico o Sebastián Sánchez. A nadie más. Y los encuentro uno por uno. Junto todas mis canciones y las notas del do agolpadas en la lamparilla de mi mesita de noche que cruza inocentemente los destellos de los ojos de Olivetti, de Segismundo, de Doménico y de Sebastián. De Sebastián Sánchez. Y alumbra todo con excelsas felicidades, con monedas y reversos de las monedas. Con sonrisas y con sonrisas de canciones. Y se cuentan de todo, cuentan los pimientos de la cena anterior, cuentan el número de las frutillas del mercado, las natillas de la leche, las pepitas del limón y las ovejitas de la granja. Mientras la luz sonríe. Y los demás duermen. Y al final yo también.

Fotografía: Robert Doisneau