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miércoles, 23 de febrero de 2011

Hace falta...


..alejarse como el aire, como en buque de guerra, ignorando  el vulgar ritmo de la despedida que suele mecerse en un mar violento,  absurdo y de cintas viejas, hace falta marcharse sin inquisidor, con un silencio golpeado y vacío, pero calmado y sin reclamos, sin deudas, ni prontitud, ni relojes atrasados, me quiero ir con estos respiros profundos y violentos, hace falta irse con la idea clara de no volver jamás, pero sobre todo, con la tranquilidad de saber que volveremos.


Imagen: Banksy

lunes, 11 de enero de 2010

Sencillo

-Hola

-Afrontemos juntos el mayor reto de la vida

- Yo estoy llena de místicos y extraños oídos sordos

-Entonces no vuelvas a darme tu mano

- Yo estoy llena de manos

- Y yo creo que me estas escuchando

- A veces lo hago

- Pero no me entiendes

- Te entiendo. Te entiendo, como entiendo al viento cuando viene fresco o cuando el fauno baila lento. Cuando me hablan los colores de las paredes y las puedo escuchar sólo viendo.

- Soy yo el que no entiende.

- Y yo soy la sorda que te escucha, que quiere tomar tu mano cuando la ciudad esté anochecida, calmar tus llantos y callar tus voces, desmontando el atormentado día.

- A veces también siento que te entiendo.

Vamos, dale, cojamos las zapatillas.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Marcharse es...


Seguía en aquel espacio entre el irse y quedarse. No se había marchado, pero ya pensaba en volver, mientras tanto seguía quieta esperando que llueva. Esperando ha que se inunde el techo, esperando encontrarse algún paraguas tirado en el suelo o que se moje hasta la última hebra de su cabello. Pero el momento seguía quieto y su cabello seco. No quería marcharse y tampoco volver. No quería decir adiós pero tampoco quería decir "pronto volveré". Quería esconder la cabeza, como la tortuga, sólo hasta que sus piernas y sus manos dejen de temblar, benditas piernas y benditas manos. Hasta que empiece a llover o salga el sol, hasta que el mundo salga de su trance asfixiante, entre lerdo y nublado, cual desperdiciado esperpento, y empiece una vez más la nueva cuenta del tiempo. Bendito momento. Sin despedidas ni movimientos temblorosos, sólo con un café, un brandy o un caramelo.

Fotografía: Robert Doisneau

viernes, 4 de diciembre de 2009

Aquel Viento


Inquieta ha vuelto a dar vueltas por las calles y a ver bicicletas haciendo sombras en la luna y le ha devuelto la emoción de los primeros años, en los que solía dar los emotivos y sinceros pasos. Pasos de niño, los que que se dan en falso. La emoción ha traído consigo tembleques piernas e inquietos brazos, es el destino? se pregunta Inquieta. Tal vez los minutos desde hoy son todos retales traídos por el Viento inmisericorde y a la vez primoroso, que a veces sin darnos cuenta nos lleva y trae, y mientras el viento juguetea travieso con su pelo ella se pregunta “Quién sabe”. El viento carente de respuestas precisas, tal vez no tenga mayor poder que el de susurrar a sus odios lo que ella desea con cariño. Se hace una cola en el pelo sonriendo y se dice “no es momento de hacerle preguntas al destino”. Pero, de vez en cuando, ella piensa quien no interroga al destino o al viento "el porqué, de cuando alguien viene, el porqué de cuando alguien se va". Se preguntan todos con dudas, los de virtudes imprecisas, los de virtudes fieles y sobre todo los de almas difusas.

Fotografía: Grafitti Bansky